El duelo no termina, evoluciona. Y yo evoluciono con él.
- sofiaragon18
- Jan 2, 2024
- 7 min read

Un año más terminó y siempre trato de convencerme de que el cambio de año no significa mucho. Que es solo un día más que empieza después de otro día más. Pero siempre tiene peso emocional. En vez de combatirlos, los momentos de reflexión merecen tiempo para ver hacia adentro y poder identificar las cosas que están pasando en nosotros, lo que pensamos y sentimos, y cómo nuestras experiencias de vida influyen en ello.
En el 2023 pasaron muchas cosas, pero en este momento solo puedo pensar en una. Perdí a Olivia. El 17 de setiembre me hice una prueba de embarazo que resultó positiva. Esto ocurrió solo 1 mes después de haber decidido iniciar el proceso de quedar embarazados y 16 días después de mi cumpleaños #30. Esa noche casi no pude dormir - la idea de ser mamá me dió un miedo que nunca había sentido. Una responsabilidad tan grande que estaba segura que no estaba logrando realmente comprenderla aun, pero que veía con temor. Pero conforme fueron pasando los días el miedo se fue reemplazado por calma. Mis primeros días de embarazo fueron de mucha, mucha calma. Certeza de que este iba a ser un proceso transformador, pero que iba a estar bien. Al día de hoy, viendo hacia atrás en lo que hemos vivido, sigo teniendo esa certeza. Vamos a estar bien.
De aquí viene mi primer aprendizaje: vale la pena vivir la vida con calma, enfocándose en el presente, porque al final las cosas tienen una manera de resolverse. Nico y yo hemos trabajado mucho en nosotros mismos, en nuestra manera de procesar las emociones y de interpretar nuestros pensamientos. Esas herramientas nos van a servir toda la vida para enfrentar las dificultades que vengan. Pero, mientras vengan, vale la pena disfrutar el proceso. Si pudiera devolver el tiempo no hubiera, ni por un segundo, disfrutado menos mi embarazo por preocuparme más, porque eso no hubiera cambiado el resultado.
La calma se vio interrumpida por un "susto". En semana 6 tuve un sangrado. Para este momento no habíamos tenido la cita del primer ultrasonido, por lo que me dió mucho miedo la idea de que algo no estuviera bien dentro mío y con bebé. Esa semana previa al ultrasonido fue una prueba de paciencia muy grande. De calmar la ansiedad y esperar con optimismo. El ultrasonido fue el primer momento de conexión real con lo que estaba ocurriendo. En semana 7 escuché el corazón de bebé. Mi bebé. Yo hice eso!!! La ilusión crecía y crecía.
Quiero recordar siempre el agradecimiento perpetuo que tuve en mi embarazo de haber tenido un embarazo tranquilo. El tiempo que estuve embarazada fue una experiencia muy especial. Mis síntomas fueron pocos, algunos dolores de cabeza, sueño, un poco de colitis.
Esto me lleva a mi segundo aprendizaje: siempre creí que estar embarazada iba a ser una experiencia que no iba a disfrutar. ¡Cuánta necesidad tenemos de asumir cómo va a ser una experiencia que no hemos vivido aún! Es mejor abrir mi mente y esperar a que sucedan las cosas y definir ahí cómo me siento al respecto. Dejar que la vida me sorprenda - todo un reto en una mente ansiosa y con necesidad de tener el control.
En semana 9 llegó la esperada noticia del género de mi bebé. Entre amigos y familia hicimos una encuesta y estuvo dividida 50-50. Al final el resultado nos reveló que estábamos creando una niña - Olivia. Ese nombre que hace años habíamos elegido con tanta certeza. Uno de los primeros sentimientos después de la pérdida fue la tristeza de haber "perdido" el nombre que tanto anhelabamos, en una hija que no llegó a acompañarnos en la vida terrenal. Sin embargo, ahora lo veo distinto. Ese nombre siempre fue para ella. Lo elegimos hace años porque sabíamos que venía y justo así fue. Olivia sí llegó. Y ahora ya no está. Pero existió nuestra Olivia.
Después de conocer el sexo de la bebé, de verdad que la experiencia toma un rumbo totalmente distinto. La conexión con su existencia se multiplicó y la ilusión del futuro también. Soñar con todo lo que íbamos a hacer juntas, aprender, disfrutar, cómo se iba a vestir, etc. El día del último ultrasonido fue un 7 de noviembre. Ibamos en el carro cantando "Oli! Oli! Oli!" - ilusionados a más no poder de ir a ver cómo iba tomando forma nuestra bebé. Imaginábamos ver sus pies, sus manos, sus deditos, su cabecita, sus facciones - verla por primera vez. Cuando el doctor puso la máquina de ultrasonido en mi panza - inmediatamente supe lo que estaba pasando. No había nada. Era un ultrasonido vacío, donde no había crecido nadie. Las primeras palabras que escuchamos salir de la boca del doctor ese día fueron "no se detecta actividad cardiaca". Esas palabras viven en mi cabeza 24/7, me ha costado mucho dejarlas ir.
Uno de los pensamientos más abrumadores post-pérdida fue el "yo sabía". Qué increíble es el cuerpo. Yo sabía desde hace varias semanas que algo no estaba bien, solo no sabía que lo sabía. Continuamente decía cosas como "yo no me siento embarazada", "no puedo creer que estoy creando un ser humano y no siento mayor cosa", "pensé que estar embarazada se sentiría distinto". Y aunque estos pensamientos pueden estar presentes en embarazados saludables, cuando vi el ultrasonido vacío entendí lo que mi cuerpo me estaba tratando de comunicar. Los síntomas desaparecieron instantáneamente de un día para el otro. La pancita no creció más. Yo sabía, solo no sabía que lo sabía.
Este es el dolor más inmenso que he sentido en mis 30 años de vida. He llorado tanto y tan intensamente que pienso que no voy a poder llorar más, solo para obviamente darme cuenta que las lágrimas y el dolor no tienen límite. Ver mujeres embarazadas y familias con hijxs se siente como un golpe al estómago. He pensado que es injusto - no lo es. He pensado que quiero no estar viviendo nada de esto - no puedo quedarme pegada en el "hubiera".
La primera noche después de la pérdida me desperté en la madrugada sintiéndome sola en este dolor. Pensando que lo único que veo a mi alrededor son embarazos exitosos, mamás felices y niñxs vivxs. Lloré, lloré, lloré tratando de entender por qué me estaba pasando esto y pensando cómo iba a hacer para salir adelante. Si estadísticamente esto es tan común, ¿por qué parece que soy la única? Aquí nació mi interés por compartir mi situación - quizás si lo hacía alguien que hubiera vivido esto se me acercaba y podía sentirme acompañada. Y, por supuesto, justo así fue.
El enfermero, el anestesiologo, compañeros del trabajo de Nico, mujeres que conocí en muchos momentos de mi vida, se nos acercaron a compartirnos de sus experiencias de pérdida. ¡Qué alivio saber que no somos los únicos! Qué sentimiento más importante es sentirse acompañada en la vida, ese sentido de comunidad tan valioso. No agradezco que esto le haya pasado a nadie más, no se lo deseo a nadie, pero sí agradezco la gente que confió en nosotros para compartirnos su experiencia, porque me dió muchísima esperanza.
Lo que me ha sostenido este tiempo se ha convertido en lo más valioso que tengo en mi vida - la gratitud. La gratitud nos permite ver la misma situación con otros lentes. La gratitud nos permite ver el futuro con esperanza, aún cuando el presente está siendo difícil. No quiero recordar el 2023 como el año que perdí a Olivia, quiero recordarlo por todos sus colores y formas. Con todas sus lecciones y regalos. Y para asegurarme que eso sea así, escribo. Escribo para cambiar el default automático de mi mente.
El 2023 fue tantas cosas, que no es justo que mi mente decida que solo 1 lo marcó. El 2023 fue:
El año en que me casé con Nico. Una boda que creía no querer y terminó siendo increíble, llena de amor, donde solo le dedicamos tiempo y dinero a las cosas que nos importaban a nosotros. Con 120 personas que nos acompañaron y vivieron ese día como si fuera suyo también.
Mi familia de EEUU, de CR y la familia de Nico de Colombia estuvieron juntas por primera vez.
Se casaron 2 de mis hermanos de la vida, y pudimos vivir el proceso pre- y post-boda juntos: Sofi y Adán.
Un año donde viajé mucho - a Chile, a Denver (2 veces!), a Mexico y a Europa por primera vez.
Viví rodeada del amor de mis niñas: Lucy, Emi y Ami. Tres niñas que vinieron a despertar mis ganas de ser mamá y a llenarme de amor desinteresado e inocente.
Me sentí acogida por una comunidad en el gimnasio de gente de corazón enorme y muchas ganas de ser mejores.
Cambié de camino de carrera, me arriesgué y me encantó.
Seguí estudiando - una de las cosas que más amo hacer.
Celebramos 30 años la mayoría de mis amigxs y yo. Empezamos una década muy especial juntxs.
Vi a Taylor Swift en vivo, me divertí tanto y fui plenamente feliz!
Pude acompañar a mi abuelito, mi abuelita, mi suegro, una gran amiga y el papá de mi mejor amiga en su batalla con el cáncer. Y pudimos ver a todxs salir victoriosxs.
Pude estar en la presentación de tesis de mi hermano, a quien admiro demasiado.
Oli no se me vino, no tuve que vivir ese momento tan doloroso, Oli me dió tiempo hasta la cirugía. La cirugía salió bien y no tuve dolor.
Ya tuve mi primera menstruación post-pérdida. Mi cuerpo impresionante, que admiro y respeto, sanando y haciendo su trabajo.
Mis amigxs y familia me dieron un amor caluroso, compasivo y empático desde el 7 de noviembre hasta hoy. No me han soltado un solo día, han validado mis emociones, han respetado mi espacio, han expresado su duelo, y le han dado el lugar a Olivia que Olivia se merece. Nunca voy a entender cómo tengo tanta suerte de la calidad de seres humanos que me rodean.
Y conocí a mi Oli, me convirtió en mamá, hablamos de tantas cosas juntas, la sentí dentro mío, se hizo notar con cambios en mi cuerpo, escuché su corazón fuerte y rápido, recibió muchos regalitos que guardo con amor, me despertó un instinto materno inmenso, me dio la certeza de que voy a tener unx hijx en algun momento de mi vida y cuando llegue va a dejar de importar todo lo que creí que importaba y solo va a importar tenerle conmigo.
Olivia fue parte de mí, hecha por mi y de mí, y yo, por ende, fui parte de ella. Fuimos un mismo cuerpo, fuimos 2 corazones unidos e interconectados. Fuimos y somos.


Te leo y te admiro tanto.. a vos y a Nico.. un abrazote Sofi ♥️